Con el amor que me cuides, te cuidaré. Clara Bredy

La acción de cuidar tiene valor en sí misma.

 Su valor no está condicionado por el reconocimiento de las otras personas y sobre todo, no lo está por el hecho de si la persona cuidada responde o no a las expectativas de la persona cuidadora.

En no pocas ocasiones, la persona que cuida, vive y siente los cuidados como una suerte de proyecto, que si no es exitoso, de acuerdo a sus deseos, lo percibe como un fracaso. Y no hablo sólo de aquellas personas que necesitan ser reconocidas o valoradas socialmente y se sirven de cuidar a otras para obtenerlo.

Me refiero, a personas nobles que se vinculan a otras, especialmente carentes de empatía, por múltiples razones, con las que establecen relaciones desiguales, convencidas de que son imprescindibles para que, quien es cuidada, salga adelante gracias en parte al menos, a sus cuidados. Una fantasía, en cualquier caso, porque nadie puede vivir la vida de otro.

La persona que cuida se autoidentifica como "Agente del Cambio" de la otra persona, dando por buena esta situación de desigualdad, donde los cuidados van sólo en una dirección y donde, en paralelo, se establece una relación cargada de exigencia y control por parte de la persona cuidada, estableciendo un apego insano, donde la manipulación, la queja y el victimismo, es la norma.

La paradoja aquí, es la dependencia emocional que establece la persona cuidadora, que reinterpreta y se autoengaña, ante el comportamiento de quien es cuidada. Justificando en muchas ocasiones comportamientos inaceptables y dañinos para su seguridad psicológica. Acabando atrapada por quien carente de empatía, caso de intentar establecer distancia con ella, le hace sentir, que su presencia en su vida le es imprescindible para seguir adelante, cerrando una vez más, el círculo de control y violencia invisible de la persona cuidada sobre su cuidadora. Y por supuesto, reforzando el rol de quien ve en sus cuidados, un "proyecto vital"

Siempre planteo que los cuidados son el eje de la vida, pero la "Relación de Cuidados", ha de estar soportada en el respeto, el equilibrio y la reciprocidad. La manipulación, el victimismo, el conseguir lo que se quiere a costa del sufrimiento ajeno, ha de quedar fuera. La ausencia de empatía es una señal de alarma de alto nivel. Puede generar niveles de distorsión y daño, inimaginables.

Ese tipo de relaciones enfermizas, deben estar fuera del juego del cuidado y los afectos. Pero el primer paso es desarrollar un buen olfato para "verlas venir" y "no dejarlas entrar".

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