La palabra imaginada. Clara Bredy
En cierta ocasión, una pregunta en apariencia sencilla, me removió por dentro.
Mi nieto mayor, de 18 años, me preguntó porqué en mi vida era tan importante usar la palabra precisa para expresar las ideas y los sentimientos. Aquella pregunta parecía elemental, pero no lo era. Me quedé pensativa y tras un silencio, le dije que mi vida la constituían los sueños creados por la música de las palabras. Esa música, de notas precisas con su tempo, ritmo, armonía, disonancia y silencios, para poder expresarse en forma de palabras, tenía que poder, evocar con conocimiento y respeto, su auténtico significado.
Sólo entonces caí en la cuenta de lo difícil que es entender lo que queremos expresar con palabras, si no está claro el contexto. Y desde luego que, para eso, necesitamos más palabras.
Y aquí viene el reto: usar las palabras, juntarlas, darles un orden y luego otro, crear con ellas, desarrollarlas en todos nuestros imaginarios, sin violentar, manipular o retorcer su significado. Lo que ocurre es que para conseguirlo, es importante que la música de las palabras responda a la partitura con que fueron escritas. Como ejemplo, la palabra libertad, cuya hermosa partitura es una y otra vez, tergiversada, violentada, arruinada. Usada como signifcante sin significado. O como significante con el significado contrario.
Otra de esas palabras es la palabra feminismo, cuya música me ha salvado más de una vez de verme arrastrada por lo que se esperaba de mí, sin tener en cuenta lo que yo esperaba de mí misma.
Hace ya un par de años que abracé la aventura de contar una historia de palabras imaginadas y sueños por venir. Sueños que sin el feminismo no hubieran sido soñados.En aquel momento no podía imaginar que esas palabras saldrían del papel y se convertirían en una música que muchas cantaríamos juntas.
En estos dos años también he visto el desgarrador y temible ascenso social de los que usan la palabra libertad, para eliminar lo que consideran su mayor problema: los derechos de las mujeres y hacen de éllo bandera. Bandera de la destrucción del feminismo como camino hacia la justicia y el bienestar. También el de de los hombres...
Abanderan el sometimiento de las mujeres, y aprovechan la frustración de tantos hombres que ven cuestionados sus privilegios y están perdidos buscando una nueva identidad, los reclutan hacia las oscuras y violentas redes de la manosfera (íncels, gymbros, criptobros....) propiciando el odio, la persecución y las agresiones físicas y psicológicas hacia las mujeres que no se ajustan al molde caduco y patriarcal que ellos necesitan para ser "hombres de verdad". Convierten el avance de los derechos de las mujeres en la causa de todos sus males. En el objetivo a batir.
Aquí me permito sugerir la lectura de un excelente texto, de apenas 100 páginas publicado en octubre de 2025 en la colección MINI de ctxt (Escritos Contestatarios), cuya autora es la periodista,antropóloga e investigadora, Nuria Alabao, en el que analiza en profundidad la promesa neoliberal de seducción y control sobre las mujeres, que tiene atrapados a muchos adolescentes.
Su título: "Ínceles, gymbros, criptobros y otras especies antifeministas". En este texto también se pone la mirada en la tergiversación de conceptos vinculados Aquellos que reclaman "libertad" para "domar" a la "hembra humana" (así nos llaman...). Se indaga en la idea señalada por Judith Butler en "¿Quién teme al género?"(2024), Barcelona, Paidós, 2024. De que "el género es un significante que puede absorber ansiedades económicas, sociales y existenciales sin nexo directo con las relaciones entre hombres y mujeres, pero que encuentran de esta manera una explicación plausible"
Hoy empieza formalmente la primavera y quiero recuperar y hacer memoria, de parte del texto con el que presenté hace un par de años, aquella historia titulada "Yo Intensa", y cuya dedicatoria a mis nietas reitero hoy con más fuerza.
Entonces dije:
El libro que hoy les presento surge de un dolor arrebatado, inmenso, al que sólo podía atajar con la fuerza sublime de las palabras volcadas en un papel. Y así, sólo así, casi por agotamiento sentir algo de paz.
Después del dolor y el alivio de la palabra declarada, vino la aceptación y empezó la recuperación. Así va este duelo lento, pero seguro.
Escribir me ayudó a recordar que para los hombres los privilegios con que nacen por ser hombres, son vividos como derechos. Cristalizan como tales y forman parte de su condición masculina.
A mis nietas, de 15 y 9 años, les dedico este pequeño libro como toque de atención sobre la sociedad en que les toca vivir.
Una sociedad:
Donde, a medida que las leyes han avanzado para protegerlas, en paralelo y a mayor velocidad van creciendo los ataques, las descalificaciones y vejaciones hacia las mujeres, por la intolerancia de los hombres a ceder sus privilegios de cuna.
Donde, casi 9 de cada 10 mujeres, son responsables directas o indirectas de que la familia, incluidas las personas dependientes, reciban los cuidados.
Donde, escuchar más de una vez el "calladita estás más guapa", o cualquier equivalente, será un hecho.
Donde, sus ideas valdrán menos, por ser mujeres.
Donde, si son brillantes, tendrán que pagar un alto precio, y en más de una ocasión esconder sus capacidades.
Donde, la tiranía de esta sociedad sobre su apariencia y su manera de comportarse, estará al acecho.
Les dedico estas letras para que no pierdan su dignidad siendo dóciles y sumisas, a fin de obtener aceptación y afecto. También para que no les quepa duda de que el amor no duele, y si duele, no es amor.
Y en cuanto a sus parejas, si las tienen, que no se dejen manipular por las convenciones sociales y apliquen una máxima: "Con el amor que me cuides, te cuidare".
Hoy, dos años después añadiría alguna otra reflexión, pero lo dejo para otra ocasión.
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