Con el amor que me cuides, te cuidaré. Clara Bredy
La acción de cuidar tiene valor en sí misma. Su valor no está condicionado por el reconocimiento de las otras personas y sobre todo, no lo está por el hecho de si la persona cuidada responde o no a las expectativas de la persona cuidadora. En no pocas ocasiones, la persona que cuida, vive y siente los cuidados como una suerte de proyecto, que si no es exitoso, de acuerdo a sus deseos, lo percibe como un fracaso. Y no hablo sólo de aquellas personas que necesitan ser reconocidas o valoradas socialmente y se sirven de cuidar a otras para obtenerlo. Me refiero, a personas nobles que se vinculan a otras, especialmente carentes de empatía, por múltiples razones, con las que establecen relaciones desiguales, convencidas de que son imprescindibles para que, quien es cuidada, salga adelante gracias en parte al menos, a sus cuidados. Una fantasía, en cualquier caso, porque nadie puede vivir la vida de otro. La persona que cuida se autoidentifica como "Agente del Cambio" de la otra pe...